domingo, 20 de febrero de 2011

Raíces

Qué caprichosas son las formas de la naturaleza, los árboles van buscando sus nutrientes bajo nuestros pies, lentamente horadan el terreno, se retuercen buscando humedad y alimento, chocan, se desvían, van y vuelven creando un entramado subterraneo que constituye un mundo al margen de nuestros ojos. Una forma de vida lenta pero firme, segura, útil, de imperceptible crecimiento pero tan importante e imprescindible que nuestra propia subsistencia depende de la suya. Curioso es pensar que sin embargo, ellos podrían vivir perfectamente sin nosotros, da que pensar.






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